Lo que todos quieren saber acerca de la lateralidad y cómo se desarrolla

La lateralidad es el predominio funcional de un lado del cuerpo sobre el otro como consecuencia de la distribución de funciones en el cerebro. Mediante este proceso, los niños se definen como diestros (90% de la población mundial) o zurdos (el 10% restante).

Un niño que ha definido su lateralidad, utiliza preferentemente una mano sobre la otra para las actividades cotidianas tales como sujetar objetos, comer y escribir. Este mismo proceso ocurre con los pies, los ojos y los oídos, uno de ellos se utiliza en mayor medida que el otro.

Generalmente se espera que si el niño utiliza predominantemente la mano derecha, utilice también de manera preferente el pie, el ojo y el oído de derechos. A esto se le llama lateralidad consistente.

Por medio de la lateralidad, el niño desarrolla las nociones derecha e izquierda tomando como referencia su propio cuerpo, y fortalece su ubicación espacial.

niños-Zurdería-contrariada-Lateralidad La lateralidad se consolida entre los 7 y los 8 años, antes de los 7 años el niño puede manifestar una tendencia, pero sólo a partir de los 8 años se puede hablar propiamente de que ha definido su lateralidad.

Es importante que la lateralidad se defina de manera espontánea y nunca forzada, es decir, cuando el niño está definiendo su lateralidad no hay que obligarlo a escribir preferentemente con una mano o a patear preferentemente con un pie, sino que hay que permitir que él mismo explore la destreza de sus manos, pies, ojos y oídos y determine, de manera natural, que hemisferio del cuerpo es el dominante en su caso.

El desarrollo de la lateralidad influye en aspectos importantes del desarrollo psicomotriz, tales como la coordinación motriz, la orientación espacial y la percepción espacio-temporal. La preferencia funcional de un lado del cuerpo permite al niño diferenciar la derecha y la izquierda en relación con su cuerpo, ubicarse en su entorno y en relación con los demás.

La lateralidad también es de gran relevancia en el desarrollo cognitivo infantil; una buena organización lateral permite asimilar y comprender los códigos escritos (letras y números), que son el medio principal por el que el niño adquiere el conocimiento en la vida cotidiana.

Cuando la lateralidad no se desarrolla adecuadamente se puede presentar alguna de las siguientes situaciones:

Lateralidad cruzada: Ocurre cuando la preferencia lateral no es homogénea, por ejemplo, cuando un niño utiliza preferentemente la mano y el pie derecho, pero también tiene preferencia por el ojo y/o el oído izquierdo. Es común que esto ocurra cuando el niño tiene un déficit visual o auditivo que tiene que compensar.

Cuando existe lateralidad cruzada puede ser más difícil para el niño organizar una respuesta motora ante los estímulos sensoriales, por ejemplo, escribir algo que se le está dictando.

Zurdería contrariada: Ocurre cuando el niño tiene una preferencia lateral izquierda pero no se le permite expresarla (se le obliga a usar predominantemente la mano derecha). Esto puede provocar ciertas alteraciones niños-Zurdería-contrariada-Lateralidad neuropsicológicas que dificultarán al niño el aprendizaje de algunos procesos.

Ambidextrismo: Es la tendencia al uso indiscriminado de las dos partes del cuerpo. Según la mayor parte de los autores no es una cualidad, sino que indica una anomalía en el neurodesarrollo, y es la base de muchas dificultades de orientación que se observan en algunas personas.

Un especialista en neuropsicología puede desarrollar un programa de intervención adecuado para mejorar la lateralidad de un niño que no la ha consolidado de forma correcta. No siempre será posible corregirla, pero sí se podrán mejorar los procesos que dependen de ella.

Actividades que pueden ayudar a los niños a consolidar la lateralidad son los siguientes:

Ejercicios de motricidad
  • Practicar los patrones básicos de movimiento contralateral (en donde se alterna el uso de las dos partes del cuerpo). Ejemplos: Arrastrarse en el suelo, gatear, marchar, etc.
  • Ejercicios de equilibrio y control de la postura. Por ejemplo: Brincar con un solo pie, o levantar una pierna de forma horizontal y mantenerla en el aire, primero con los ojos abiertos y luego con los ojos cerrados.
Ejercicios de coordinación visomotriz
  • Tocar instrumentos de percusión
  • Practicar malabares con pelotas o aros
  • Resolver laberintos, armar rompecabezas
  • Lanzar balones, discos o dardos hacia un blanco específico
  • Moverse al ritmo de la música

Fuentes de referencia:

  • Bernabéu, Elena (2015) Programa de desarrollo de la lateralidad, mejora del esquema corporal y organización espacio temporal. En: Intervención en dificultades de aprendizaje. Procesos y programas de neuropsicología educativa. Martín-Lobo, Pilar (Coord.) España: Ministerio de educación, cultura y deporte.
  • Brusasca M. C., Mabel L. L. y Portellano, P. J. A. (2007) Neuropsicología de la lateralidad: evaluación de preferencia y desempeño manual. Revista Mexicana de Neurociencia. Vol. 8. No. 5, pp. 500-505.
  • Da Fonseca, V. (2000) Estudio y génesis de la psicomotricidad. 2ª ed. Barcelona: INDE Publicaciones.
  • Martín Lobo, M. P. (2007) Lateralidad y rendimiento escolar. Centro universitario Villanueva-Universidad Panamericana. Material de la Maestría en Neuropsicología y Educación.
  • Roselli, M., Matute, E., Adila, A. (2010) Neuropsicología del desarrollo infantil. México: Manual Moderno.
Maira Gutiérrez Moreno

Licenciada en Pedagogía y Maestra en Neuropsicología por la Universidad Panamericana. Especialista en innovación educativa. Ha capacitado y asesorado a docentes, psicólogos y padres de familia en procesos relacionados con el desarrollo personal y el aprendizaje.

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